El Perdón debe Ser de Corazón

Predicador: Pastor Rafael Avila

Iglesia: Centro Cristiano Misionero Filadelfia

Tipo: (Escrita y en Audio)

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Texto: Génesis 1:1-2, Ezequiel 28, Isaías 14, Apocalipsis 12

Introducción: La naturaleza del odio

¿Por qué el diablo odia a la humanidad? ¿Qué es el odio? El odio no es furia; el odio es un sentimiento profundo, intenso, duradero, de repulsión, antipatía y aversión hacia una persona, grupo, animal o cosa, acompañado por el deseo de perjudicar, dañar, destruir u ofender. Y sobre todo con nosotros.

Pero siguiendo algo, busqué otra definición que dice: «La diferencia entre el odio y la ira». Hay una diferencia. El odio está a veces permanente. La gente a veces odia y pasan años y años y ese corazón no ha sido sanado.

Se cuenta la historia que en una iglesia había una persona que tocaba el órgano. Y ese día ella era la que tocaba normalmente en la iglesia. Y dicen que ese día llegó un amigo del pastor que también tocaba el órgano. Y el pastor le dijo: «usted me podría hacer el favor, que mi amigo, el pastor es amigo mío, él pueda tocar el órgano». Y la muchacha no dijo que sí ni que no, se bajó y dejó el paso al otro. No dijo nada.

Pero a los días la joven dejó de ir a la iglesia, dejó de congregarse. El pastor iba y la buscaba y hablaba con ella y nada. De repente la joven comenzó a enfermarse, enfermarse y nada. Iban, oraban, ayunaban, predicaban, zapateaban y la joven cada día peor. De repente comenzaron los dedos a torcérsele, de repente comenzó una artritis terrible.

Y pasaron los años. Un día llegó un evangelista a la iglesia que no conocía a la joven. Y le dice: «En aquella iglesia hay una persona que está en esta forma porque su corazón hay odio». Y describió cómo estaba la joven. Y el pastor después que termina el servicio va a la casa y la visita y le dice. Y la joven entonces abre su corazón y dice: «Sí, pastor, yo tenía un odio terrible contra usted». Y él dice: «¿Por qué?». «Porque usted se acuerda hace muchos años, usted trajo a su amigo y me paró a mí y lo sentó a él para que él tocara. Y eso creó en mí un odio hacia usted».

El odio nos enferma, el odio nos aleja de Dios cuando no dejamos que el Espíritu Santo sane nuestro corazón. El enemigo te odia, el enemigo nos odia y nos quiere destruir.

Bueno hermanos, les voy a dejar un texto para que ustedes lo mediten y vean si tienen que leerlo o no. Ya lo habrán escuchado. En Génesis 1:1 dice: «En el principio creó Dios los cielos y la tierra». ¿Y la tierra estaba? Desordenada y vacía.

Háganse una pregunta: ¿Dios es tan desordenado que va a hacer una tierra desordenada y vacía? Cuando nosotros vemos que los ejércitos celestiales están bien ordenados, maniobrados… pero nos dice que la tierra estaba desordenada y vacía. Eso lo vamos a dejar para después.

El origen del enemigo: Ezequiel 28

Para entender este personaje que odia a la humanidad y que odia a la iglesia, tenemos que irnos al principio. Y las escrituras nos hablan de ese principio del enemigo. En el libro de Ezequiel capítulo 28, allí encontramos ese principio. Aunque cuando nosotros leemos este libro de Ezequiel encontramos que esta es una profecía que se da contra un rey humano, pero esta profecía podríamos decir que es una profecía doble, porque el Señor la agarra y la ilustra para hacernos entender cómo nace el enemigo de nuestras almas.

Miren como dice la escritura: «En Edén, en el huerto de Dios estuviste; de toda piedra preciosa era tu vestidura». ¿Cómo nos dice que estuvo dónde? En el Edén. Pero este Edén del que nos habla ahí la escritura no es el Edén de Adán. Porque ahí nos habla y dicen los comentaristas que este Edén era un Edén mineral, porque luego comienza a nombrar allí diez minerales: oro, topacio, esto y el otro. Y dice que la vestidura de este ángel estaba rodeado de todas estas piedras preciosas.

Nos dice: «En el Edén, en el huerto de Dios estuviste; de toda piedra preciosa era tu vestidura: de cornalina, topacio, jaspe, crisólito, berilo y ónice; de zafiro, carbunclo, esmeralda y oro; los primores de tus tamboriles y flautas estuvieron preparados para ti en el día de tu creación».

Este personaje, hermano, dicen algunos comentaristas que pudo haber sido el primer ángel que Dios hizo. Porque lo hizo en hermosura, en esplendor, en belleza. La escritura dice que era muy hermoso y no solamente hermoso, sino que estaba lleno de sabiduría, que la gloria de Dios resplandecía en él. La escritura lo llama el Lucero de la Mañana. Y cuando él se paraba, dice que cuando él se paraba, parecía que no había otro ángel sobresaliente en hermosura como él.

Luego sigue diciendo la escritura. Y mire cómo lo llama: «Querubín». Le dice: «Tú, querubín grande, protector». Algunos dicen que posiblemente era ese querubín principal que estaba allí al frente de la adoración, dirigiendo el grupo de adoración, porque los querubines están para eso, para adorar al Señor. Quizás estaba allí. Y yo me imagino que cuando estaba allá allí con ese gran grupo de ángeles adorando al Señor, de repente empezó a pensar: «De repente empezó a pensar… pero ningún ángel es tan hermoso como yo. Yo tengo la gloria de Dios en mi vida. Estoy lleno de sabiduría».

Y aquel querubín empezó a ver cómo ellos iban y se doblaban y se arrodillaban delante de la presencia de Dios para adorarle, para glorificarle. Y de repente comenzó a decir: «Es que no hay otro como yo. No hay otro». Y comenzó allí… porque mire hermano, las cosas grandes no empiezan en lo grande, empiezan en lo pequeñito. Empieza en lo pequeñito.

Y comenzó allí, mire como dice la escritura: «Tú, querubín grande, protector, yo te puse en el santo monte de Dios; allí estuviste, en medio de las piedras preciosas». Luego estuve investigando por allí qué son estas piedras preciosas y hay dos significados o dos símbolos. Uno de los comentaristas dice que quizás estas piedras preciosas eran ángeles poderosos, querubines que estaban allí cerca del altar de Dios. Unos dicen eso. Otros dicen que las piedras preciosas son fuego en la presencia del Señor, que eran ángeles poderosos. Otros dicen, simbolizan… las piedras preciosas simbolizan el entorno celestial radiante, santo de Dios, relacionando con el monte santo y la gloria del trono divino, que a menudo se describe con fuego y destellos como piedras preciosas.

Una de las cosas que de repente los teólogos, la gente que estudia la escritura no se ponen de acuerdo en esto, pero una cosa sí sabemos: que un día cuando estemos en la presencia del Señor vamos a saber quiénes eran esas piedras de fuego. Porque lo vamos a ver allí, así como el enemigo conoció las piedras de fuego, nosotros también las vamos a ver, las vamos a conocer tal cual como son. ¡Aleluya!

Mire hermano, el rango de este ángel era grande. «Perfecto eras en todos tus caminos desde el día que fuiste creado». Perfecto, no había imperfección, no había ningún defecto en él. Tenía el privilegio de estar cerca del trono del Señor. Y yo me imagino que cuando estaba allí cerca del trono del Señor, él, porque se le da el nombre de Lucifer, era como una lumbrera que a lo mejor alumbraba más que todos los ángeles. Pero lo que no entendía él es que esa gloria, esa lumbrera, esa luz no era de él, sino era la gloria de Dios en él. Así como la gloria de Dios se manifiesta en los ministros cuando los usa de una u otra manera. Y a veces nosotros creemos que somos nosotros. ¡No! Nosotros no somos, es la gloria de Dios en nosotros para ministrar gracia, para ministrar milagros, para ministrar a los necesitados. Por eso me encantaba cuando íbamos a las campañas de Yiye Ávila aquí y allá y Dios hacía milagros extraordinarios, y aque el hombre decía: «¿Quién fue? ¡Cristo fue! ¡La gloria y la honra es para nuestro Señor!». ¡Aleluya!

«Perfecto eras en todos tus caminos desde el día que fuiste creado», una creación de Dios dotado de una manera maravillosa. «Hasta que se halló en ti maldad. A causa de la multitud de tus contrataciones fuiste lleno de iniquidad, y pecaste; por lo cual yo te eché del monte de Dios, y te arrojé, oh querubín protector, de entre las piedras del fuego». ¡Oh, querubín grande, protector! Se halló maldad.

Mire hermano, cuando se halló la maldad, comenzó a maquinar la división. Comenzó allí, porque según algunos comentaristas dicen que Dios lo había asignado sobre la tierra con un montón de ángeles que estaban bajo su autoridad. Cuando comenzó la maldad en él, comenzó allí a conquistar ángeles, a conquistar a uno, a conquistar a otro. Así como cuando lo hacen las divisiones en la iglesia, que comienza la gente, el líder, a veces el líder que está más cerca de nosotros, comienza allí a ganarse uno, a ganarse otro, a ganarse el otro, a hablar detrás del pastor. Y cuando uno se da cuenta, tiene una división.

Y comenzó allí a conquistar. Y mire hermano, la conquista fue fuerte, porque según Apocalipsis 12 nos dice que conquistó la tercera parte de los ángeles. No eran dos, eran millones, mire, se los conquistó. Quizás no les dijo «vamos a destruir a Dios», porque sabía que no podía destruir a Dios. Pero comenzó allí, como comienzan los divisores, a ofrecer mejores cargos, a ofrecer: «Cuando yo esté en el trono te voy a poner a ti como primer ministro, y a ti te voy a poner como este, a ti te voy a poner como el otro». Y los ángeles se dejaron engañar.

Vamos a ver allí en Apocalipsis. Ayúdeme aquí hermano, le voy a dar unos textos allí para que me los lean. Apocalipsis 12… Apocalipsis 12:4. léamelo por favor. Ayúdeme aquí.

(Lectura de la congregación): «Y su cola arrastraba la tercera parte de las estrellas del cielo, y las arrojó sobre la tierra; y el dragón se paró ante la mujer que estaba para dar a luz, a fin de devorar a su hijo tan pronto como naciese».

Dice que arrastró la tercera parte de las estrellas. Esas estrellas eran ángeles. Las estrellas son ángeles. Conquistó una tercera parte de los ángeles allí. Y mire, cuando leemos en Isaías, Isaías dice: «¡Cómo caíste del cielo, oh Lucero, hijo de la mañana!». Y allí en Isaías también se nombra el monte santo de Dios y se nombran también las piedras preciosas. Pero él agarró y conquistó los ángeles, una tercera parte de los ángeles, y dice: «Subiré al monte de Dios». Si dice que iba a subir es porque estaba abajo. «Subiré al monte de Dios, pondré mi trono hacia el norte… y seré semejante al Altísimo».

La rebelión se hizo fuerte, se hizo poderosa. Pero mire hermano, a Dios nadie lo agarra por sorpresa, a Dios nadie lo sorprende, porque él conoce todas las cosas. Allí estaba Dios esperándolo, allí estaba el Señor esperándolo. Y cuando llegaron al cielo, que comenzaron a avanzar, avanzar sobre el territorio del cielo, hubo un ángel que recibió una orden en el cielo: «¡Miguel, agarra tus legiones y échame a este individuo fuera de aquí!». ¡Aleluya! Salió el arcángel Miguel con sus santos varones, con espadas, con lanzas en mano. Y la batalla se hizo recia, la batalla se hizo poderosa.

Pero cuando seguimos leyendo en el libro de Apocalipsis, Apocalipsis 12:7-9, por favor hermana Alicia lea qué nos dice, cómo se desarrolló esta batalla.

(Lectura de la congregación): «Después hubo una gran batalla en el cielo: Miguel y sus ángeles luchaban contra el dragón; y luchaban el dragón y sus ángeles; pero no prevalecieron, ni se halló ya lugar para ellos en el cielo. Y fue lanzado fuera el gran dragón, la serpiente antigua, que se llama diablo y Satanás, el cual engaña al mundo entero; fue arrojado a la tierra, y sus ángeles fueron arrojados con él».

Luchaba el dragón y sus ángeles, y luchaba Miguel. La batalla fue fuerte, fue delicada. Pero dice la escritura que de repente no se halló lugar para el enemigo. Fue lanzado a la tierra. Aquí entonces entra este versículo de Génesis 1:1 que nos dice: «Y la tierra estaba desordenada y vacía». Como decía al principio, dicen los teólogos que es imposible que Dios, siendo un Dios de orden, pueda hacer una tierra desordenada.

Algunos teólogos dicen, algunos comentaristas bíblicos dicen que cuando el enemigo fue arrojado del cielo, cayó a la tierra. No cayó, cayeron miles y miles de ángeles. Y que cuando cayeron a la tierra hubo el primer cataclismo cósmico en la tierra, donde la tierra, la belleza que Dios había hecho, lo perfecto que Dios había hecho, vino a ser destruido. Por eso encontramos, hermano, nosotros leemos: «En el principio creó Dios los cielos y la tierra». En ese principio, cuando el diablo cayó, hizo un desorden a nivel terrestre.

Pero nosotros leemos: «En el principio creó Dios los cielos y la tierra, y el Espíritu de Dios se movía sobre la faz de las aguas». De este primer capítulo del libro de Génesis 1:1 al versículo 2, hay una línea de tiempo. Hay una línea de sucesos. Hay una línea de tiempo. Y dicen los comentaristas que quizás pudieron ser años o millones de años cuando este asunto sucede. Por eso luego que hay ese cataclismo allí, encontramos que dice: «Y el Espíritu de Dios se movía sobre la faz de las aguas». Todo esto quedó cubierto por agua, destruido. Igual como cuando Noé, el diluvio de Noé, que dice que el arca se movía sobre las aguas. Así se movía el Espíritu Santo. Y ahí entonces comienza Dios a reconstruir de nuevo lo que él había hecho hermoso, para hacerlo más hermoso todavía.

Y lo primero que dijo Dios: «Sea la luz». Y mire, aquí hay una palabrita que yo le voy a dejar. Y dice: «Y vio Dios que la luz era buena». Luego dijo, comenzó a seguir nombrando cosas que iba haciendo. «Y vio Dios que era bueno». Pero cuando Dios hace las expansiones, ¿qué es lo segundo que hace? Todo estaba cubierto de agua. Pero cuando la expansión, porque yo busqué eso y ya no voy a conseguir esa palabra que dice «y vio Dios que era bueno». ¡Hay un silencio de Dios! Dios no dice nada. Yo no sé por qué, pero ahí hay un silencio de Dios. Ahí no dice Dios «y vio Dios que era bueno», hay un silencio de Dios.

Dicen los teólogos y los comentaristas bíblicos que cuando Dios hizo la expansión, el enemigo necesitaba estar en un lugar y tomó esas expansiones para sí. Por eso Dios no dice «y vio Dios que era bueno». Y cuando leemos en Efesios, Efesios nos dice; porque no tenemos lucha contra carne y sangre, sino contra principados, contra potestades, contra gobernadores de las tinieblas, en las regiones…» ¿Dónde? «Celestes». Allí el enemigo tomó aquellas regiones celestes.

Por eso es que cuando Daniel estaba allá orando, clamando por su pueblo, estaba orando, dice que arriba había ángeles tratando de traer la respuesta de Dios, pero no llegaba. Cuántas veces estamos nosotros orando, clamando allí delante del Señor y pareciera que los cielos son de bronce. Es porque arriba en el cielo, en esa atmósfera, hay una batalla espiritual. Donde tú estás pidiendo, donde tú estás clamando, donde tú estás llamando, y el diablo se para allí para que tu clamor no llegue, para que la respuesta no llegue. Pero Dios entonces da la orden y le dice: «¡Miguel, abre una brecha allá! ¡Abre una brecha aquí!». Porque el ángel Gabriel no puede llevar el mensaje de lucha. Tiene que ser Miguel, el ángel guerrero, con sus ejércitos, y le abre una brecha allí. Y llega allí el ángel mensajero de Dios y le dice a Daniel: «Desde el día que propusiste en tu corazón… tu oración fue oída». Pero había una lucha en el cielo, una lucha aquí. ¡Aleluya! Gloria al Señor. ¡Aleluya!

La Creación del Hombre y la Caída

Luego que Dios hace todas las cosas… ¿Cómo se llama el tema? «¿Por qué el diablo odia a la iglesia?». El diablo te odia. El diablo quiere destruir. Pero el amor de Dios es más grande que el odio. Dice que Dios lo hizo porque amó todo. Y llega el momento cuando dice: «Hagamos al hombre». Su máxima creación. Y dice: «Hagámoslo a imagen y semejanza nuestra».

Yo más que nada cuando era niño decía: «¿Cómo es posible que Dios es tan feo como nosotros? ¿Cómo es posible que sea tan feo como nosotros? Porque hay hombrecitos feos así como…». (Risas). Pero cuando la escritura nos dice que dijo Dios: «Hagamos al hombre a nuestra imagen y semejanza», no se está refiriendo a lo físico, a lo terrenal, porque Dios es espíritu, no tiene cuerpo. Mire lo que dice la escritura en cuanto… ajá, déjeme buscarlo por aquí.

Significa que los seres humanos fuimos creados con un valor único para reflejar el carácter, el amor, la moral y la creatividad, el libre albedrío, la capacidad de amar, de discernir entre lo bueno y lo malo. En ese sentido somos semejantes a Dios, porque él nos dio esa capacidad para amar. Mire hermano, yo a veces digo que el amor humano es una enfermedad. Un día hermano, vengo yo como a las once de la noche del culto y lo veo que vienen bajando. «¿Qué haces tú aquí a esta hora?». «Es que estoy enamorado».

Él puso en nosotros ese deseo de tener esa comunión con Dios. Por eso la escritura dice: «Vosotros sois templo y morada del Espíritu Santo». No contristéis al Espíritu Santo, porque somos templo y morada de la presencia de Dios. Dice que Dios hizo al hombre y lo formó. Hizo un lugar especial para el hombre. Dice que hizo más grandes, más anchos, hizo el huerto del Edén, que los comentaristas lo llaman el huerto natural. Y puso allí al hombre, puso a la mujer y les dio un mandamiento. Los puso para que guardara y labrara allí el huerto del Edén. Y le dijo que todo árbol que está en medio del huerto podéis comer, mas del árbol de la ciencia del bien y del mal no comeréis, porque el día que de él comiereis, ciertamente moriréis. El hombre en ese entonces era vegetariano.

Estuvo allí, no sabemos cuánto tiempo estuvo allí. El hombre en esa comunión perfecta con Dios, el hombre perfecto, una comunión con Dios, vestido de la santidad de Dios. Y un día, todos conocemos la historia, vamos a contarla. El hombre desobedece a Dios y peca. Cuando el hombre desobedece a Dios, alguien gritó: «El hombre pecó y yo no puedo estar con él». La santidad de Dios que vestía al hombre se apartó del hombre. Luego por allá gritó la justicia de Dios, esos atributos que son de Dios, la justicia gritó y dijo: «El hombre pecó y debe ser condenado». Porque hermano, si falta la santidad, ahora la justicia de Dios que es perfecta reclama que el hombre tiene que ser juzgado. ¡Aleluya!

Pero de allá del trono de Dios, de lo profundo de Dios, salió una voz que dijo: «¡Sí, el hombre pecó, pero Dios es amor!». ¡Aleluya! Luego salió otra voz que dijo: «¡Sí, el hombre pecó, pero Dios es misericordioso!». El diablo se alegró porque dijo: «Ya igual Dios está contra la espada y la pared. Si no quiso perdonar a los ángeles, mucho menos perdonará a ese hombre que es hecho de tierra, a ese hombre que es hecho, como dice el salmista, menor que los ángeles, no tiene tanto… ¿Qué va a hacer Dios?». ¡Aleluya!

El diablo dijo: «Ya tengo la partida ganada. Si alguien me busca allí…». ¡Aleluya! Segunda de Pedro, ahí me busque por allí hermano y lo va a leer cuando le diga. Segunda de Pedro 2:4 y Judas 1:6. Segunda de Pedro 2:4, Judas 1:6, téngamelo por ahí. El diablo se alegró y dijo: «El hombre está listo, el hombre está perdido. Dios le había entregado todo al hombre, pero cuando alguien vence a alguien, le quita todo lo que tiene». Eso nos pasó a nosotros con Venezuela. El 3 de enero… ah, vinieron los gringos, bombardearon, tiraron al presidente y nosotros perdimos nuestra soberanía. Porque ahora los gringos son los que deciden nuestra economía y nos dan lo que ellos quieren. Los gringos se llevan el oro. Porque la nación no supo cómo responder a una nación agresiva y perdimos nuestra soberanía.

Así le pasó al hombre. El hombre aquí en el huerto del Edén perdió su soberanía. Por eso es que cuando Cristo es tentado por el diablo, dice que lo lleva a un monte alto y le mostró todos los reinos, todos los tesoros del mundo y le dijo: «Todo esto te daré si postrado me adorares, porque esto me ha sido dado a mí. Y al que yo quiero se lo doy». ¿Quién se lo arrebató a Adán? Pero mire, en el libro de Génesis tenemos dos promesas. Una es Génesis 3:15. Ve, espera un momentico cómo lo dice Génesis 3:15, vamos a leerlo aquí. Alguien lo tiene por allí, que lo lea, Génesis 3:15. Léalo ahí fuerte hermano. «Y pondré enemistad…». Ahí nos está hablando de la serpiente y nos está hablando de la simiente de la mujer, que no era un grupo común, no era un grupo normal, esa simiente se refería a Cristo. El Mesías iba a venir e iba a aplastar la cabeza. Y luego de eso, ¿qué hizo el hombre cuando peca? Salió corriendo y se hizo unos delantales de hojas de higuera, como diciendo: «Esto ha tapado nuestro error, esto ha tapado nuestro pecado». Pero el problema es que el hombre no entiende que la salvación nunca ha salido de aqui de la tierra es de arriba, sino que bajó del cielo a la tierra. La salvación bajó de la presencia del Señor.

Y dice que Dios hizo el primer sacrificio a favor del hombre. Mató unos animales y con las pieles de los animales cubrió al hombre, como diciendo: «Está cubierto tu falta, está cubierto tu pecado. Este es un prototipo de lo que Cristo vino a hacer por nosotros en la cruz del Calvario». ¡Aleluya! El diablo dijo: «El hombre cayó». Cuando lo vio, dijo: «Un hombre hecho de barro, no es un ángel, no es poderoso. Un hombre insignificante, ahora es mío». Esto no lo dice la Biblia, lo digo yo.

Fíjense, en Segunda de Pedro nos dice que Dios no quiso perdonar… que lo lea, que Dios no quiso perdonar a los ángeles que no guardaron su dignidad, sino que los encerró en prisiones de oscuridad hasta el día del juicio. ¿Quién lo tiene para que lo lea? Léalo ahí hermano.

(Lectura de la congregación): «Porque si Dios no perdonó a los ángeles que pecaron, sino que arrojándolos al infierno los entregó a prisiones de oscuridad, para ser reservados al juicio…».

Mire, el diablo nunca se arrepintió, o por su orgullo nunca se arrepintió. Pero a lo mejor especulando aquí un poquito, a lo mejor algún ángel cuando se vio que cayó del cielo a la tierra y se convirtieron en demonios, el ángel de la muerte, el ángel de la guerra, dijo: «Este hombre, este ángel nos engañó. Vamos a ver si Dios…». Pero dice que Dios en su soberanía no los quiso perdonar. Y seguramente el diablo dijo: «Si no nos perdonó a nosotros, mucho menos perdonará a este pobre hombre insignificante». Eso es lo que él pensó. Es un pensamiento.

¿Qué nos dice Judas, hermano? ¿Tiene Judas por ahí? Judas 1:6. Mire cómo dice. (Lectura): «Y a los ángeles que no guardaron su dignidad, sino que abandonaron su propia morada, los ha guardado bajo oscuridad, en prisiones eternas, para el juicio del gran día». A los ángeles que no guardaron su dignidad, los guardó en prisiones eternas. El diablo dijo: «No nos perdonó a nosotros que estuvimos en la presencia de él, adorándole, teníamos su gloria, teníamos su majestad. Si no nos perdonó a nosotros, mucho menos perdonará a ese hombre insignificante».

Pero todo se cumplió en Cristo. Mire hermano, el amor de Dios para con la humanidad, para con nosotros, es inmenso. Por eso leemos allí en Juan 3:16: «Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna». El Señor sabía que había una condenación, pero nos amó. La escritura dice: «Dios es amor». Pero no se quedó solamente en la palabra diciéndole amor, sino que lo manifestó. El amor de Dios se manifestó allí en esa cruenta cruz. Para que usted y yo en esta mañana pudiéramos estar en este lugar, con mis pies descansados, con manos limpias, con corazón limpio. ¡Aleluya!

El amor de Dios es increíble. Estando después Cristo de haber recibido 39 latigazos, haber sido su rostro desfigurado por los golpes de los soldados romanos, después de haberle puesto una corona de espinas en sus sienes, estaba sufriendo crucificado allá, y el amor de Dios brota por su boca y dice: «Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen». ¡Aleluya! Ese es el amor de Dios. Y cuando alguien le dice: «Señor, acuérdate de mí cuando vengas en tu reino», y el Señor le dice: «Hoy mismo estarás conmigo en el paraíso». ¡El amor de Dios es grande! ¡El amor de Dios es grande! Cuántas veces hemos fallado, cuántas veces hemos caído, pero su amor nos ha sostenido. Y Él nos dice con amor eterno te he amado, por tanto he prolongado sobre ti mi misericordia.

Mire hermano, el diablo sabe que tiene las horas contadas. Él lo sabe. Pero también sabe que le espera un lago de fuego y azufre. ¡Aleluya! Él sabe que ya Cristo venció en la cruz del Calvario. Está dando patadas de ahogado, tratando de llevarse para allá todo el que pueda. A veces nosotros peleamos los unos con los otros. Y es grave. Entre nuestros hermanos nos descuidamos. Hoy se habló del perdón. Y cuando preparaba este mensaje, el Espíritu Santo me dijo: «Dile esto a la iglesia».

A veces los pastores, los ministros, peleamos unos con los otros por una oveja. Por una oveja. Y nos molestamos. Y si es un líder fuerte y el hermano se junta con el Señor, comenzamos en guerra con ese pastor, con esa persona. Y comenzamos a ver a la persona y no miramos al que nos está usando. Gloria a Dios. Les voy a contar una experiencia. Hace muchos años, tenía una iglesia poderosa, hermosa, un grupo de oración tremendo, danzarinas, apóstoles, gente echada pa’lante. Y yo contento. Fíjese que cuando venían, nos ministraban en la iglesia, iban a nuestro hogar y me abrazaban y decían: «Pastor, cuenta conmigo». Y yo contento, yo se los creía. Había una joven que decía: «Pastor, si usted me saca por la puerta, yo me meto por la ventana». Yo me la creía. «Pastor, yo lo amo».

Pero llegó el momento, llegó una prueba en mi familia, de la cual nosotros no estábamos preparados para eso. Esa prueba nos golpeó duro, duro. Estuvimos a punto de entregar la iglesia. Esa prueba nos desmoralizó. Y de repente salimos unos días a refrescarnos la mente y cuando regresamos a la iglesia, teníamos otra prueba diferente. Me llamaron: «Pastor se van más de 50, 60, 70 personas. Y digo «¿Qué pasó aquí?». Y entre los que se fueron estaba un hermano que yo lo traté como el hijo varón que nunca tuve, que era mi amigo. Ese joven que era mi amigo. Trabajó en mi trabajo, lo ayudé. Y mire hermano, quedé tan, tan, tan mal a causa de la división de la Iglesia… que hasta un infarto me dio.

Luego fui al doctor, para hacerme un chequeo. Me hago el chequeo y dice el Doctor: «Tienes un coágulo de sangre». Un problema. La estadística dice que los pastores mueren de infartos y de derrames cerebrales. Eso dice la estadística.

Pero mire hermano, esto no es de quien quiere, esto es del que Dios quiere. Dios te llamó, te escogió, aunque te falte, aunque te falte, eres de los mejores, eres de los mejores. Puedes estar pasando una prueba, te está pasando ahorita, porque Dios quiere saber qué es lo que hay en ti verdaderamente. Si entregas la sangre, si entregas el dolor, vas a salir fiel al Señor. ¡Aleluya! Y pasamos ahí la nuestra por primera vez. Bueno hermano, el problema es que esta gente vino a la iglesia a hablar pestes, lo que era y lo que no era. Y me pasaban por el frente de la iglesia para molestarme. Terrible hermano, cuando la gente se deja usar por el diablo.

¿Qué es lo que dice el Señor? «Las puertas del infierno no prevalecerán contra mi iglesia». No es mi iglesia, no es nuestra iglesia, es la iglesia del Señor. Como dice el profeta, no es mi iglesia, es la iglesia del Señor. Él es el que edifica, El es el que levanta mi iglesia. Él guardará la iglesia, él guardará tu salida y tu entrada. Aunque el diablo quiera destruirte, aunque el diablo quiera destruirte.

Luego me voy a Argentina, estoy en Argentina 15 meses. Cuando regreso, hay muchos problemas en la iglesia. Y me dice el pastor: «Hicieron un portal de brujería y la familia fulana de tal se endemoniaron todos. Y andaban diciendo que eso era por nosotros. Tú que eres enviado, sana, reprende esos demonios». Le dije: «pero si nosotros cerramos un portal arriba, un portal donde tocaban tambores y cantaban y hablaban en lenguas, y nosotros en la guerra espiritual cerramos eso. Y al frente había una iglesita y esos demonios habían cerrado esa iglesita porque los hermanos peleaban los unos con los otros. Hasta que se cerró ese portal, la iglesia volvió a tomar vida. Porque para eso vino Cristo, para dar vida y vida en abundancia».

Estaba orando y luego leescribí a ese pastor con el cual habíamos tenido conflicto. Y con otro pastor de afuera que no nos quería mucho… Y le dije: «Mire, ¿Y los puse al tanto de lo que está pasando ahorita allá?». «Mire, estamos contentos, estamos unidos, vamos a hacer un culto de unidad». Fueron tres días de unión y le pusimos a esa actividad como nombre Atando al hombre fuerte. Y mire hermano, fueron tres días y la gloria de Dios bajó Aleluya. Las tres iglesias, nos unimos en un verdadero sentir del Espíritu Santo. Antes los hermanos no nos saludaban, pasaban y ni siquiera volteaban. Ahora nos saludamos y dicen: «Dios te bendiga». Hicimos esa campaña y fue de bendición. Luego hicimos otro culto unido y anoche hicimos otro culto unido para la gloria del Señor. ¡Porque perdonar es la clave del Señor! ¡Perdonar es la clave del Señor! ¡Perdonar es la clave del Señor! Así salga esto, salga aquello, porque no es el hermano, es el enemigo que está detrás de él. ¡Aleluya!

Yo recuerdo hace unos días que visitamos unos hermanos que no eran de la iglesia. Y cuando salgo veo a un hombre sentado llorando. Y salgo de salido y le digo: «¿Quieres que ore por ti?». Y cuando me acerco y le pongo la mano, ese hombre se ha endemoniado, hermano. Se había endemoniado, que empezó a insultar, y a decir: «Tú no tienes poder…». Y cuando yo veo hermano, nunca había visto a alguien que me mirara con tanto odio, un odio como que me quería destruir. Y cuando veo que ese hombre viene hacia mí, hermano. Y cuando viene hacia mí, le digo: «Mira demonio, tú a mí no me puedes tocar en el nombre de Jesús». Aquel hombre cayó de cabeza allí temblando. Y un pobre perro que pasó por encima, lo agarró y lo tiró por una escalera para abajo. Y gracias a Dios no murió, luego en el nombre de Jesús quedó libre y de pronto recobró el conocimiento y me dijo que hago aquí tirado en esta vereda y me dijo tengo sed y le dije tú vives aquí cerca ve y toma agua en tu casa.

El siguiente lunes me llega una de las hermanas y dice: «Pastor, mi hermano quiere que usted vaya a orar por él». Digo: «¿Ah sí? ¿Por qué quiere que vaya a orar por él?». ¿Por qué dice pastor que cuando usted le ora, al siguiente día está sano y salvo?».

Entonces llamé por teléfono a María para que me acompañará a orar por el muchacho endemoniado, y le digo ¿dónde estás? «Pastor, estoy aquí en la cafetería y le dije acompáñame a orar por un endemoniado. El diablo lo tenía amarrado. Cuando fuimos allá comenzamos a orar por ese hombre. Y cuando volvió en sí, sabe qué me dijo: «Pastor, yo he sacado más de 200 huesos en el cementerio. He sacado calaveras, pero yo quiero liberación».

Nosotros, los hombres que fuimos hechos del barro, vamos a ocupar el sitio que el enemigo dejó. ¡Aleluya! Por eso Cristo dijo: «Yo voy pues a preparar un lugar». ¿Dónde? En el cielo. Voy pues a preparar un lugar para que donde yo estoy, vosotros también estéis. «En la casa de mi Padre muchas moradas hay». ¡Aleluya! ¡Aleluya! ¡Aleluya! ¡Qué privilegio, qué privilegio, qué privilegio!.

Ahora sabes por qué el enemigo nos odia. Porque él no tiene oportunidad de salvación. Porque Cristo no murió ni por los ángeles caídos, ni por los ángeles que están en el cielo. Cristo murió por la descendencia de Adán, por ti, por mí. ¡Qué grande es el Señor! ¡Qué grande es el Señor! ¡Qué grande es el Señor! ¡Aleluya! ¡Aleluya!

Si usted se siente enemistado con su hermano en esta mañana, levántese de ese asiento y váyase a él. Y abrace a su hermano y pídale perdón. Reconcíliese con su hermano. Reconcíliese.

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