Jesús y la oración
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5 Y cuando ores, no seas como los hipócritas; porque ellos aman el orar en pie en las sinagogas y en las esquinas de las calles, para ser vistos de los hombres; de cierto os digo que ya tienen su recompensa.
6 Mas tú, cuando ores, entra en tu aposento, y cerrada la puerta, ora a tu Padre que está en secreto; y tu Padre que ve en lo secreto te recompensará en público.
7 Y orando, no uséis vanas repeticiones, como los gentiles, que piensan que por su palabrería serán oídos.
8 No os hagáis, pues, semejantes a ellos; porque vuestro Padre sabe de qué cosas tenéis necesidad, antes que vosotros le pidáis.
Reflexión
Jesús recuerda que la oración no busca informar a Dios de algo que desconoce, ni convencerlo a fuerza de palabras, sino alinear nuestro corazón con el Suyo.
Saber que Dios conoce nuestras necesidades antes de que se las pidamos nos libera de la ansiedad. Oramos desde la confianza de un hijo que habla con su Padre, no desde la exigencia o el temor.
En esencia, este pasaje invita a cultivar un diálogo humilde, directo y transparente, donde lo más valioso no es lo que los demás ven, sino lo que sucede en lo secreto de tu corazón.
