Formados para Formar

Predicador: Evangelista Alejandro Morales

Iglesia: Dádiva de Dios los Rosales

Tipo: (Escrito y Audio)

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Lectura Bíblica: 1 Samuel 22:1-5

Tema: Formados para Formar

(Inicio del Culto y Oración)

Evangelista: ¡Amén! Aleluya. La palabra del Señor dice así: Yéndose luego David de allí, huyó a la cueva de Adulam. ¿A dónde huyó?

Congregación: A la cueva de Adulam.

Evangelista: Y cuando sus hermanos y toda la casa de su padre lo supieron, vinieron allí a él. Se juntaron con él todos los afligidos… diga conmigo, los afligidos.

Congregación: Los afligidos.

Evangelista: Todo el que estaba endeudado y todos los que se hallaban en amargura de espíritu. Y fue hecho jefe de ellos, y tuvo consigo como cuatrocientos hombres. Se fue David de allí a Mizpa de Moab, y dijo al rey de Moab: Yo te ruego que mi padre y mi madre estén con vosotros hasta que sepa lo que Dios hará de mí. Levanta tus manos al cielo.

Congregación: ¡Amén!

Evangelista: Y ora a Dios. Padre, gracias.

Congregación: Gracias, Señor, gracias.

Evangelista: Yo quiero que tomes ahí dos minutos de adoración y alabanza. Dile a Dios aquí estoy. Vamos, comienza a adorarlo ahí donde estás. Si hemos venido, hemos venido por Él y para Él. Vamos, comienza a honrar su presencia. Comienza a honrar su presencia. Yo siento la presencia de Dios, hermano, en este lugar. Donde está el Espíritu de Dios, ahí hay libertad. Padre, te honramos. Padre, te glorificamos, te damos gloria, te damos honra. Vamos, que corra el pueblo de Dios adorándolo. Los que están adelante, los que están en el medio, los que están en la parte de atrás. Vamos a honrar al grande y al poderoso. Vamos a honrar a aquel que se merece la gloria y la honra por los siglos de los siglos. El que está gobernando a la diestra del Padre se llama Jesús. En el cielo está su trono y la tierra es el estrado de sus pies. ¿Habrá alguien que pueda glorificar su nombre, iglesia? ¿Dónde está la iglesia que vino a adorar a Dios en espíritu y en verdad? Padre, te honramos. Vamos, comienza a honrarlo. Comienza a honrarlo. Yo sé que aquí hay corazones agradecidos, gloria al Señor. Comienza a honrar su presencia. Dile: Dios, gracias porque hemos podido llegar a tu casa, Señor, para honrarte y para glorificarte. Porque grande Dios mío eres tú, Señor. El poderoso eres tú, Dios mío. Y la gloria y la honra te las llevas tú en este lugar, en el nombre poderoso de tu hijo Jesús. Amén, Señor, y amén. Dale un fuerte aplauso al Señor. (Aplausos)

Evangelista: Mientras oraba el Señor, gloria a Dios, Dios me dio un tema para ustedes. Dios me dio el texto. Desde que creímos en el Señor hemos tenido un principio y es orar para que Dios nos dé la palabra. En ocasiones Dios, ¿verdad?, no nos da la palabra, hermano, y preferimos no llegar a las actividades, gloria al Señor. Porque lo único que puede traer consuelo, bienaventuranza, descanso y paz se llama la palabra de Dios. ¿Cuántos dicen gloria a Dios?.

Congregación: ¡Amén!

Evangelista: Quiero predicar hoy bajo el tema «Formados para formar». Levante la mano arriba y diga conmigo: Formados para formar.

Congregación: Formados para formar.

Evangelista: Diga eso con fe, diga: Formados para formar.

Congregación: Formados para formar.

Evangelista: Gloria al Señor. Hermanos, cuando nosotros pasamos por las páginas de la Biblia, algo me llama la atención porque cuando hablamos de Moisés, Moisés tenía sustitutos. Moisés tenía segundos, gloria al Señor. Y aquel hombre, gloria al Señor, se llamaba Josué. Si hablamos de Pablo, tenía un joven llamado Timoteo. Si hablamos de Elías, tenía un hombre llamado Eliseo. Si hablamos de nuestro Jesús, Jesús caminaba con doce discípulos. Y mientras nosotros, aleluya, leemos la palabra del Señor, nos damos cuenta que hubieron hombres, aleluya, que fueron buenos segundos y por eso llegaron a ser buenos primeros. ¿Cuántos dicen gloria a Dios?.

Congregación: ¡Amén!

Evangelista: Y hablamos, gloria al Señor, que caminar con hombres de Dios, hermano, según lo que nos arroja la palabra y las experiencias que hemos tenido, no es fácil. Caminar con un hombre de Dios es difícil en ocasiones de entender. Los hombres de Dios, aleluya, cuando Dios les dicta una visión, cuando Dios les dicta una palabra, gloria al Señor, hermano, puede que en el principio no se vea nada, pero si ellos saben que fue Dios quien les habló, ellos van a ir con hambre por esa visión. Van a perseguirla hasta lo último, gloria al Señor. Pero yo quiero que sepas que todo el que se ponga a su lado debe ser formado para llegar a esa visión. ¿Cuántos dicen gloria a Dios?.

Congregación: ¡Gloria a Dios!

Evangelista: Ahora, en medio, aleluya, de todo este caminar, aleluya, cuando nosotros, amado hermano, notamos el camino del evangelio, muchos de nosotros, quizás cuando, aleluya, nos convertimos en una campaña, en una célula, en algún servicio, quizás un día se nos acercó un líder o el predicador y nos dijo: Si vienes a Cristo, tus problemas se van a solucionar. El día que vengas a Cristo, todo se va a resolver. El día que venga a Cristo, mira, la familia se va a convertir. Y parece ser que nosotros comenzamos a pensar: Wow, todo va a comenzar a ser perfecto. Ahora no voy a ser, aleluya, el mismo limpio, gloria al Señor. Ahora voy a ser próspero. Y ciertamente, hermano, es así. Pero nadie nos habló de la formación. Muchos no nos hablaron del proceso, sino cuando alguien, aleluya, nos agarró y comenzó a formarnos para la obra del ministerio, para lo que Dios quería, gloria al Señor. Por eso, amado hermano, cuando nosotros leemos las páginas de la Biblia, gloria al Señor, y hablamos de Josué, amado hermano, antes de hablar de Josué, tenemos que saber que hubo un Moisés que dedicó tiempo en formar a un hombre, gloria al Señor. ¿Para qué? Para que cuidara al pueblo, para que guiara al pueblo. ¿Sabes por qué, amado hermano? Porque por mucho tiempo, gloria al Señor, cuando mueren los que fueron primeros, la visión se pierde. Se pierde el trabajo, gloria al Señor. Se pierde, gloria al Señor, la constancia que había todos los días. Y sabe algo, amado hermano, cuando nosotros leemos la Biblia, algo me llama la atención porque la primera palabra que viene de Dios para Josué fue: Esfuérzate.

Congregación: ¡Sí!

Evangelista: Sé valiente. Levanta la mano arriba y diga: Amén. Formados para formar.

Congregación: Formados para formar.

Evangelista: Cuando Dios le habla a Josué, lo primero que le dice es: Josué, esfuérzate y sé valiente. No temas ni desmayes. ¿Sabe qué? He escuchado por mucho tiempo a muchas personas decir: Si yo fuera el pastor… Si yo fuera el pastor, yo hiciera esto. Si yo fuera el líder, yo hiciera esto. Y si yo fuera, y si yo fuera, y si yo fuera. El tema es que todavía no te ha tocado, gloria al Señor. Necesitas ser formado. Necesitas ser un buen segundo. ¿Por qué? Porque en la obra de Dios hay desánimo. En la obra de Dios hay tristeza. En la obra de Dios, aleluya, en ocasiones nos confundimos. En la obra de Dios, en ocasiones nos sentimos frustrados. Y amado hermano, si no hay formación, el que es pastor puede pensar que no es pastor. El que es evangelista puede pensar que su mensaje no es de Dios. El que es profeta se puede confundir y puede pensar que Dios no le está hablando. Por eso, amado hermano, antes de estar en el ministerio, lo primero que necesitamos se llama formación. Diga conmigo: Formación.

Congregación: Formación.

Evangelista: Vamos, dígalo en serio, diga: Formación.

Congregación: Formación.

Evangelista: Ahora, cuando nosotros leemos la Biblia, hermano, y quiero hablarle un poco de nuestro hermano David. Unos lo conocen como el rey de Israel, otros lo conocen como el dulce cantor, gloria al Señor. Pero cuando, aleluya, leemos Primera de Samuel capítulo 22, yo mientras leía esto, hermano, y Dios me revelaba esta palabra, algo me llamó la atención porque Primera de Samuel 22 no nace en Primera de Samuel 22. ¿Está alguien aquí conmigo?.

Congregación: ¡Aleluya!

Evangelista: Primera de Samuel 22 viene recorriendo algunos capítulos de la Biblia. Yo quiero partir desde Primera de Samuel capítulo 18. Primera de Samuel, amado hermano, capítulo 18, a la altura del verso 6. Se cree, gloria al Señor, que comienza a nacer un conflicto, gloria al Señor. Hermano Alejandro, ¿por qué comienza a nacer un conflicto? Porque cuando leemos la Biblia, había, gloria al Señor, en Israel, un gigante que estaba desafiando al pueblo de Dios. ¿Cuántos dicen gloria a Dios?.

Congregación: ¡Gloria a Dios!

Evangelista: El pueblo de Dios estaba siendo desafiado. Y cuando vemos el panorama, nos damos cuenta, amado hermano, que había miedo en el pueblo. Nadie quería pelear. Todos estaban turbados, gloria al Señor. Nadie quería dar frente contra Goliat. Pero qué bueno y qué hermoso es saber que había un hombre que Dios estaba preparando en el secreto. ¿Cuántos dicen gloria a Dios?.

Congregación: ¡Amén!

Evangelista: Había un hombre que no era público. No aparecía en los flyers. No aparecía en las invitaciones, gloria al Señor. Pero era el hombre que Dios estaba preparando para hacer a Israel, aleluya, para aquel entonces una de las potencias, aleluya, gloria al Señor, mundiales, pudiéramos decir, un país poderoso, gloria al Señor. Y cuando nosotros leemos la Biblia, hermano, la palabra del Señor revela, gloria al Señor, que Dios manda a su profeta Samuel. Y yo creo que en este tiempo, aleluya, que Dios todavía tiene profetas. Hay gente que todavía escucha a Dios. Hay gente que todavía, aleluya, sabe discernir la ministración del Espíritu Santo. ¿Por qué? Porque estamos viviendo tiempos peligrosos. Tiempos donde la gente está diciendo: Dios me dijo y Dios no le ha dicho nada. Tiempos donde la gente está diciendo: Dios me reveló y Dios no le ha revelado nada. Y esto está trayendo confusión y error a las iglesias. Pero también tengo la otra parte. Dios todavía tiene profetas genuinos. Dios todavía tiene gente que tiene visiones. Dios todavía tiene profetas que oran. Dios todavía tiene evangelistas temerosos. (Aplausos)

Evangelista: ¿Aló? Había un gigante que tenía a la nación temblando. Y sabe algo, amado hermano, cuando yo veo que David es ungido, en el momento que David es ungido, David no llegó mandando. ¿Aló? Cuando a David le cae el aceite de la unción, cuando David es apartado para Dios, David no llegó diciendo: Llegó el rey David. El punto número uno que quiero tocar es que en el momento que le cae la unción, lo primero que hace Isaí, el padre de David, aleluya, con su hijo, el ungido, el que tenía el aceite, es que lo pone a hacer mandados. Ay, padre, ustedes están tan serios, gloria al Señor. Aleluya. Y la gente ha tomado la unción para su beneficio propio, propio, gloria al Señor, para su crecimiento propio, para que me vean a mí, para que vean mis dones, para que vean mis maneras de ministrar. Y yo quiero que sepas que la unción es para servir. Ustedes no están diciendo amén, pero voy a repetir eso, gloria al Señor. La unción, lo que Dios te entregó, es para servirle a otro. Agarre la mano al que está a tu lado y dile: La unción es para servirle a otro. La presencia es para servirle a otro. Los dones son para servirle a otros. A su nombre. A su nombre, hermano. Tenemos gente que Dios le ha dado mensajes, le ha dado palabras, aleluya, Dios le ha dado estrategias, pero no las aplican. Les da miedo de predicar, les da miedo de adorar a Dios en el altar, les da miedo de todo. Y hoy vengo como hombre de Dios a decirte: Rompe con esa muralla. Rompe con ese esquema. Dios te está llamando al altar. Dios te está llamando a predicar. Dios te está llamando a adorar. Dios te está llamando a discipular. Dios te está llamando a ganar almas para el reino de los cielos. ¿Aló? Tenemos gente que son hermosos cantantes en el baño de su casa. En el baño de su casa cantan adoraciones hermosas, pero cuando les hablan del altar, tiemblan.

Se le olvida la alabanza, se le olvida el cántico, gloria al Señor. Y Dios le está diciendo: Te ungí para que ministraras mi presencia. Te ungí para que pusieras las manos sobre los enfermos. Oh, gloria a Dios. Hermano, es poderoso saber que cuando vino la unción, lo primero que se despertó fue el don de servicio. La gente quiere plataforma, la gente… siento la presencia de Dios… la gente quiere multitudes, la gente ama los aplausos, gloria al Señor. Y son pocos, para no decir todos, que están amando el servicio, gloria al Señor, que están amando, gloria al Señor, servirle a otro. Todos quieren estar a la mesa. Nadie quiere llevar platos. ¿Ustedes no dicen amén? Eso me está gustando. Gloria a Dios, aleluya. Y Dios, hermano, lo primero que hizo con David fue: Voy a enviarlo, voy a mandarle, aleluya, mandarlo a hacer los mandados.

Cuando leemos la Biblia, hermano, para que me entienda, David comenzó a convertirse en el delivery, gloria al Señor, del campamento israelita. Ahora David todos los días para la guerra llevaba pan y llevaba leche. Llevaba pan y llevaba leche. Pero en una de esas, oh, gloria a Dios, mi alma adora su presencia, en una de esas, hermano, David se dio cuenta que el pueblo estaba atemorizado. ¿Aló? ¿Aló? En medio de eso, un día, aleluya, David hizo la pregunta: ¿Quién es este incircunciso? Oh, gloria a Dios. Porque en medio del servicio comenzarás a ver los enemigos de la obra. En medio del servicio comenzarás a decir, gloria al Señor, el enemigo de la obra, aleluya, es esto. El enemigo de la obra es lo otro. Pero el que no sirve no se da cuenta de nada. Pregúntame por qué. Porque tenemos gente lastimosamente que se ha acostumbrado, aleluya, a una rutina. Casa, iglesia, iglesia, casa. Casa, iglesia, iglesia, casa. Pero el que sirve se da cuenta, aleluya, qué está agobiando la obra. El que sirve se da cuenta si falta el bombillo del baño. Alguien debería estar diciendo amén, gloria a Dios. El que sirve se da cuenta si la silla está partida. El que sirve se da cuenta si no hay vasos para servir.

El que sirve se da cuenta si la iglesia está sucia y comienza a identificar. Por eso tenemos gente que quiere la unción pero no quiere servir. Y Dios no le da aceite a gente que no ama el servicio, a gente que no se entrega por la obra de Dios. Me gusta el denuedo de David. Porque David entendía, hermano, que Dios era más fuerte que el enemigo que estaba agobiando la obra, que estaba agobiando al pueblo de Dios. Y sabe algo, amado hermano, cuando va a Saúl, le dice: Saúl, yo soy capaz de pelear con ese hombre. Soy capaz de pararme en la brecha con ese hombre. Pero Saúl nunca vio la fuerza de David. Saúl comenzó a ver la fuerza del enemigo. Tengo ganas de predicar, gloria al Señor, aleluya. Hermano Alejandro, explícame eso, gloria al Señor. Saúl no está viendo un David que quiere traer victoria. Saúl comenzó a decir: Ese filisteo incircunciso, ese pelea desde muy joven.

Ese hombre tiene mucha fuerza. Ese hombre nos tiene asustados. Y David diciendo: Pero yo quiero la pelea. Y Saúl diciendo: No, lo que pasa es que el hombre, aleluya, pelea desde su juventud. Pero te voy a dar la oportunidad, David. Comienza a ponerte mi vestidura. Gloria al Señor. Y quiero tocar algunos puntos aquí. Tú nunca podrás ser, aleluya, lo que Dios te entregó si quieres ministrar con la vestidura de otro. ¿Aló? Tenemos profetas queriendo ser evangelistas, evangelistas queriendo ser pastores y pastores queriendo ser diáconos. Por eso el hombre le dijo: Bueno, está bien. Si tú quieres pelear, entonces toma mi escudo, toma mi lanza, aleluya, toma mi yelmo y anda y pelea. Y sabe algo, porque el que tiene la unción respeta.

Y vino, y gloria al Señor, y vino David, se puso el escudo, agarró la lanza, agarró la espada, se puso el yelmo, se puso la coraza. Y cuando comenzó a practicar, dijo: No, pero es que yo no sé pelear con esto. Mis principios son andar con una vara. Mis principios es andar con piedras en la mano. Te quiero decir algo, gloria al Señor, Saúl. Ese hombre pelea desde su juventud. Pero mira lo que tengo por aquí. Tengo garras de león. Aleluya. Yo sé lo que es llorar en el silencio. Yo sé, oh, gloria a Dios, yo sé lo que es pelear por una oveja. Yo he peleado con osos y leones. Y yo voy pa’lante contra ese gigante porque la obra de Dios es más importante que los enemigos de la obra. Oh, gloria a Dios. Yo quiero que sepas algo, que sea cual sea el enemigo delante de la obra de Dios, Dios es más fuerte que el enemigo. Pero lastimosamente tenemos gente en el reino que dice: No, lo que pasa es que no podemos porque, aleluya, el dólar está subiendo. No podemos porque están aceptando a mil.

No podemos porque están aceptando a 980. Pero el que tiene visión dice: Con un dólar o sin dólar, yo voy a creer a lo que Dios habló. Yo voy a creer a la promesa. Yo voy a creer a la visión. Porque no habló un muñeco, ¡habló Dios! Oh, gloria a Dios. Entonces, hermano, cuando esto comenzó a pasar, David dijo: No, esta vestidura no me agrada, no me parece. Le dio su vestidura. Cuando le da su vestidura, hermano, todo el mundo está temblando. Y así como quizás había gente que decía: Vamos, David.

Quizás habían otros que decían: Ay, lo van a matar. A lo mejor como a veces hay gente en el camino que nos vamos a encontrar con ellos y nos van a decir: Vamos, hermano, eres de Dios. Vamos, hermano, tienes ministerio. Habrá gente que van a decir: Ay, hermano, pobrecito. Esa gente sabe mucho. Esa gente estudia mucho. Esas gentes son muy preparadas. Pero sabe algo, David no estaba viendo que si lo aplaudían o no lo aplaudían.

David quería una victoria. A David no le cabía en la mente cómo un hombre podía tener detenido al pueblo de Dios. A veces, hermanos, decimos: Dios es poderoso, Dios es fuerte. Pero cuando viene la enfermedad, aleluya, lo primero que pensamos son en los médicos. Y yo quiero que sepas que Dios todavía hace milagros. Dios todavía se lleva el cáncer. Dios todavía sana la leucemia. Dios todavía se lleva la migraña. Los milagros todavía existen. ¡Dios todavía hace milagros! ¿Aló? Cuando comenzó a pelear, ¿sabe lo que decía el enemigo? Pregúnteme qué decía. Ay, mire este muchacho. Viene con palo y piedra como si yo fuera un perro. Vean esto. Pero David estaba convencido de que la victoria venía. Oh, voy a repetir eso, usted no dijo amén con fe. David estaba convencido de que la victoria venía. David le dijo: Tú vienes a mí, vienes con tu espada y tú vienes con tu lanza y vienes con jabalina. Pero yo vengo contra ti en el nombre de Jesucristo. Eso es una palabra poderosa. Y le dijo: Hoy Jehová te entregará en mis manos y yo te venceré. Oh, gloria a Dios.

Hermanos, gloria al Señor. No sé cuántos aquí son de pueblo, gloria al Señor. No sé cuántos aquí alguna vez tumbaron un mango, gloria al Señor, en una pata e’ mango. Yo no sé si David tumbaba mango o era venezolano. Pero cuando el hombre vino pa’rriba, venía con lanza, venía también con su escudero. Pero David preparó fue una piedra. Y David decía: En cualquier momento le meto un peñonazo a este gigante. Porque la casa de Dios se respeta. La casa de Dios va pa’lante. La casa de Dios va a mantener la unción.

La casa de Dios va a tomar fuerza. Aunque el enemigo quiera meter miedo, ¡Dios es más poderoso! ¿Aló? Yo quiero hacer mucho, mucho hincapié en esa historia. Lo cierto es que, aleluya, ahora David, aleluya, tumba a Goliat. Ahora, hermano, cuando nosotros leemos la Biblia, eso fue Primera de Samuel 17, Primera de Samuel 18, nosotros leemos, amado hermano, que ahora viene David, ahora viene Saúl, y ahora se preparan las mujeres. Hay cántico, hay danza. Oh, gloria al Señor. Mi alma adora su presencia. Hay fiesta, hay alegría. Todo el mundo está disfrutando. Pero comenzó un cántico que comenzó a decir: Saúl mató a sus mil, pero David mató…

Congregación: ¡A sus diez mil!

Evangelista: A sus diez mil. Y sabe algo, amado hermano, esto comenzó a dañarle el corazón a Saúl. Y yo quiero darle los puntos que Dios me dio para ustedes. Lastimosamente tenemos gente que le gusta que lo elogien a ellos, pero no aceptan que elojien a otros, gloria al Señor. Tenemos gente que le encanta que le digan: Ay, qué lindo te queda la camisa. Pero cuando se lo dicen a otro, aleluya, lastimosamente se enferma. Y eso fue lo que pasó con Saúl.

Él aceptaba la alabanza, pero cuando comenzaron a alabar a David, yo te quiero decir algo, se le metió un espíritu malo de parte de Dios. ¿Sabes por qué, hermano? Porque Saúl fue un hombre que comenzó a rechazar la verdad de Dios. Comenzó a rechazar la dirección de Dios. Y cuando tenemos gente, aleluya, en nuestras iglesias que comienzan a rechazar a Dios, comienzan a rechazar la obediencia, comienzan a rechazar la palabra, Dios permite que se les meta el diablo, gloria al Señor. Dios permite que los demonios los toquen. Y dice que un espíritu malo de parte de Dios vino a Saúl. Y cuando vino a Saúl, ahora Saúl agarró envidia. Ahora Saúl quería matar a David. La pregunta es: ¿Cómo quieres matar al hombre que trajo victoria para el pueblo que tú estás dirigiendo? ¿Aló? ¿Aló? Ahora me llama la atención algo.

Porque la Biblia dice, hermano, que cuando comenzó este elogio y esta alabanza… Porque a veces lo que enferma a los hombres de Dios y pone a los ministerios a pelear no son los ministerios, es el pueblo. Porque aquí no está peleando David con Saúl. Aquí comenzaron a pelear por la alabanza del pueblo. Oh, gloria a Dios. Y cuando nosotros leemos la Biblia, la Biblia enseña que cuando comenzó la alabanza, dice la Biblia que ahora Saúl tiene un, aleluya, gloria al Señor, tiene a un churupito por dentro, gloria al Señor. Tiene a un demonio por dentro. Y sabe lo que comenzó a pensar Saúl: Yo tengo que matar a David. Yo tengo que matar a David. Y me llama la atención porque en el momento que David toma el arpa, entonces Saúl toma la lanza.

La persecución no vino antes del gigante. La persecución vino después del gigante. Porque siempre que tumbes un gigante, tendrás persecución por eso. Déjame repetirlo de nuevo. Siempre que tumbes gigantes, vivirás teniendo persecución por eso. Hermano, me llama la atención porque, aleluya, escuchaba mucha gente diciendo: Tengo el arpa en la mano, tengo la espada en la mano, tengo el fuego en la mano, tengo el poder en la mano. Yo quiero que tú sepas que en el momento que David tomaba el arpa, Saúl tomaba la lanza. Por eso si estás preparado para las lanzas, entonces agarra el arpa. Pero si no estás preparado para la guerra, no agarres el arpa.

Sálvate ahí donde estás, gloria al Señor. Porque todo aquel que tome el arpa, en cualquier momento le lanzan la lanza, gloria al Señor. Y comienza a preguntarse: Ay, se me levantaron. Ay, me tienen… No, no, nadie te tiene afligido. Se llama ministerio. Se llama formación. Se llama llamado. Aquí se llora y nadie sabe. Oh, gloria a Dios. Aquí nos afligimos y nadie lo sabe. Pero sabe algo qué lindo y qué hermoso y mi respeto para los ministerios presentes, es saber que aunque están afligidos, ese día dan el mejor sermón, gloria al Señor, en la iglesia. Ese día dan el mejor consejo a su pueblo.

Ese día dan la mejor palabra al pueblo de Dios. ¿Aló? A su nombre Gloria, hermano. Nació un conflicto, diga conmigo: Nació un conflicto. Saúl está persiguiendo a David. Cuando nosotros vamos a la palabra del Señor, Primera de Samuel capítulo 19, hermano, nosotros nos damos cuenta, gloria al Señor, que ahora, gloria al Señor, Saúl está persiguiendo a David. Pero me llama la atención porque Saúl quiere entregarle una hija a él a David, gloria al Señor. Pero sabe algo, hermano, la intención de Saúl era esta: Que muera por mano de los filisteos. Pero, aleluya, para sorpresa de Saúl, ahora su hija Mical está enamorada de David. En Primera de Samuel 19, ahora Jonatán entiende que David tiene a Dios.

La familia de Saúl entiende que Jehová está con David. Los planes se le están cambiando a Saúl. Y aunque trataba de buscar estrategia, Dios peleaba por David. ¿Sabe? Me gusta algo, hermano, porque una de las cosas que tiene el ungido de Dios, según la palabra del Señor, es que dice que David se conducía prudentemente. Y dice: Y Jehová estaba con él. Dos cualidades: prudencia y presencia. ¿Sabes por qué? Y esto, hermano, comenzaba a despertarle el celo a Saúl, diciendo: Este hombre sabe hablar. Este hombre sabe predicar.

Este hombre sabe dirigirse. Este hombre sabe cómo guerrear, gloria al Señor. Y eso despertaba, aleluya, celo en él. Qué hermoso es ver personas prudentes. Por eso tenemos un joven en la Biblia llamado Eutico, que su imprudencia lo hizo sentarse en una ventana. ¿En qué cabeza cabe sentarse en una ventana en un piso tres? Diga conmigo: Imprudencia. La prudencia te hace saber cuándo hablar y cuándo callar. La prudencia te hace saber cuándo abrazar y cuándo abstenerte de abrazar. Porque todo tiene su tiempo. Oh, gloria a Dios.

Entonces Jehová camina con David, gloria al Señor. Hermano, ahora Jonatán hace pacto. Porque una de las cosas que comenzó a traer la guerra fue buenas amistades, buenos pactos, buenas relaciones, gloria al Señor, en Primera de Samuel 19. Pero sabe algo, la persecución era constante. La persecución era constante. Había persecución constante. David dijo algo: Necesito subiré a Ramá, gloria al Señor, allá donde está el profeta Samuel. Diga conmigo: Profeta. Cuando David va a donde Samuel, amado hermano, aleluya, el nombre Ramá, gloria al Señor, lo que significa es lugares altos.

Ahí viven los hombres de Dios. Ahí viven las mujeres de Dios, buscando el rostro del Espíritu Santo. Ahí vive, hermano, yo quiero decir algo hoy aquí de parte de Dios. Hay gente que cuando escucha mucho de oración, alabanza, le están llamando religión. Oh, gloria a Dios. Hablar de la presencia y de la búsqueda le están llamando religión. Y el que no le gusta la presencia es un carnal. El que no le gusta el rostro de Dios, lastimosamente su carne está desagradando a Dios.

Perdóneme, yo no soy influencer ni artista, soy predicador de su palabra. Pero aquí estamos por Dios. Estamos para servirle a Dios y estamos para honrar a Dios. ¿Aló? ¿Aló? El hombre de Dios estaba arriba. ¿Dónde estaba? Y David dijo: Necesito al profeta. David va donde Samuel. Y Samuel le dijo: Mira, aunque llegaste a los lugares altos, te tenemos que meter para la intimidad. Aunque llegaste a los lugares altos, vamos ahora para Naiot, que significa lugar de habitación, lugar donde se vive, lugar donde se está, lugar de intimidad, lugar de lo oculto. Me estoy dando cuenta que David está accediendo a una autoridad espiritual, gloria al Señor.

Cuando David va a Samuel, Samuel lleva a David a la gloria. ¿Aló? Porque en medio del proceso tenemos que buscar es el rostro de Dios. ¿Aló? En medio del proceso tenemos gente haciendo esto. Buscando el estado de WhatsApp y poniendo: Si Dios es conmigo, ¿quién contra mí? Jehová está conmigo como poderoso gigante. No lo están poniendo como texto, lo están poniendo como punta. ¿Aló? ¿Están aquí los cristianos? Entonces David, Samuel no tuvo sentimientos. Samuel le dijo: Tú estás en persecución, pero vas para la presencia. ¿Usted no dice amén? Gloria al Señor.

Tú estás en guerra, pero tú vas a la presencia. Porque lo que te trae victorias constantes se llama presencia de Dios. A su nombre. Entonces cuando leemos la Biblia nos damos cuenta, Samuel se lleva a David a Naiot. Hermano, y Saúl se enteró. Y lo primero que hizo Saúl fue mandar un comité, gloria al Señor. Y cuando los envió, ellos venían con la mente de profetizar. Pero había un ambiente espiritualizado. Había un ambiente de adoración.

Había un ambiente de alabanza. Y ellos venían con mentalidad de guerreros, pero cuando se devolvían, se devolvían diciendo: Así dice el Señor. Así dice el Señor. Y Dios me enseñó algo esta madrugada y me decía: Alejandro, tu atmósfera cambia a otra atmósfera. Todo el que vive en Naiot cambia la atmósfera dondequiera que llega. Oh, gloria a Dios, aleluya. Le da fuerza a otros cuando no tienen fuerza. A su nombre. A su nombre. Y Saúl dijo: ¿Cómo? ¿Cómo que ahora los que mandé como asesinos vienen siendo evangelistas? Los que mandé como homicidas ahora llegan siendo pastores y profetas.

Algo está pasando. Yo voy a preparar a los jinetes. Vayan y mátenme a David. Y ahí venía la gente, mi pastor, gloria al Señor. Ahí venía la gente, quizás, vamos a matar a David, vamos a matar a David. Pero cuando tocaban Naiot, comenzaban a hablar en lenguas. Comenzaban a sentir la presencia. La atmósfera los cambió, gloria a Dios. La atmósfera los cambiaba. Y yo percibo por el Espíritu que aquí en la dádiva de Dios hay una atmósfera de Dios.

Que todo el que entre y pise esta casa será transformado por la palabra. Será transformado por la oración. Será transformado… ¿Usted dice amén? Gloria al Señor. Será transformado por la unción. Hasta los más malos cuando pisaban Naiot se convertían. Porque donde abunda el pecado, ahí sobreabunda la gracia de Dios. Y Saúl se cansó, mi pastor, y Saúl dijo: Voy a ir yo mismo. Ojo. Cuando Saúl venía, voy a matar a David, voy a matar a David, voy a matar a David. Cuando tocó Naiot también comenzó a profetizar.

Yo quiero que usted sepa que hasta el más malo cuando se consigue con Dios… pregúntaselo a Saulo de Tarso. Cuando se chocó con Dios, fue confrontado, Dios lo doblegó. Y ahí venía Saúl, gloria al Señor, mi alma adora su presencia. Ahí venía Saúl, aleluya, con espíritu de homicidio, con espíritu de matar gente. Venía con un espíritu de guerra, pero cuando entró… Por eso salió el dicho, dice la Biblia: Saúl entre los profetas. Porque tocó tierra de profetas. Tocó tierra de gente que sabía cantar. Tocó tierra de gente que… oh, gloria a Dios, siento su presencia. Tocó tierra de gente que sabía levantar adoración a Dios. ¿Sabes? A veces lo que necesitamos es unos minutos con Dios. A veces estamos tan afanados en el trabajo, los compromisos, las deudas, el día a día.

Pero cuando vamos en las noches y prendemos YouTube y ponemos la alabanza, y comienza a sonar esa adoración: «Y traigo mi perfume, hoy te quiero ungir»… Tú ves que tu espíritu comienza a fortalecerse. Tú dices: Wow, hoy en medio de tanto afán lo que necesitaba era tiempo con la presencia de Dios. Lo que necesitaba era que Dios me diera fuerza. Lo que necesitaba era una palabra de parte de Dios. A su nombre Gloria, hermano. Cuando leemos la Biblia, hermano, Primera de Samuel 20, sigue estableciendo la amistad y el pacto, gloria al Señor, aleluya, entre David y Jonatán. Algo me llama la atención, hermano, porque cuando pisamos Primera de Samuel 21, ahora David no va al profeta, ahora David va al sacerdote.

Ya David buscó a alguien que tenía el don, ahora David está buscando a alguien que tiene la autoridad. Uy, Dios mío, gracias. Me estoy dando cuenta que en medio de la persecución, David está buscando la espiritualidad. ¿Está aquí conmigo, hermano? Ya busqué al profeta, ahora voy a buscar al sacerdote. Llegó a la casa de Dios. ¿Y cómo llegó? Llegó afligido, llegó preocupado, llegó quizás, gloria al Señor, sin fuerza. Pero sabe algo, hermano, cuando llegó, dice que habló con el sacerdote llamado Ahimelec. Llegó a la casa de Dios.

Y sabe lo primero que le pregunta el sacerdote es: ¿Qué haces por aquí tú solo? David le dice: No, estoy acompañado, solo que dejé los criados por allá. ¿Sabe? Me llama la atención, hermano, porque David venía con hambre. Diga conmigo: Venía con hambre. ¿Con qué venía David? Sabe que en medio de la guerra, a veces no sentimos fuerza. En medio de la guerra, en ocasiones, no sentimos ganas de seguir. Y David no estaba llegando a cualquier lugar, mi pastor. David estaba llegando a la casa de Dios. ¿Sabe lo que preguntó el sacerdote? David dijo: ¿Tendrás por ahí algo para comer? Si fuera así en este tiempo, muchos de nosotros le hubiésemos dicho: Ay, pero tú eres el ungido. Ay, mire, el evangelista pidiendo pan.

Pues la gente está viendo los ministerios como los súper espirituales. Todos pueden llorar menos el ministro. Todos pueden tener procesos menos el ministro. Todos pueden tener procesos matrimoniales menos el ministro. Y David dijo: Sea lo que sea lo que tengas, tengo hambre. Tengo hambre. Sí, tengo hambre de que un día alguien me monte la mano y me diga: Dios está contigo. El pastor y el evangelista, sí, el pastor y el evangelista también necesitamos una palabra profética. También necesitamos un abrazo.

También… ¿ustedes no dicen amén como pueblo? Pero voy a hablarlo porque es lo que Dios me está administrando. También necesitan un consejo. También necesitan que alguien les levante las manos y les diga: Viene la victoria. Dios va a dar la victoria. Dios está con nosotros. David llegó y dijo: Tengo hambre. ¿Qué tienes por ahí? Él le dijo: Tengo por ahí cinco panes. Qué bueno que tengamos, aleluya, personas que tengan reserva para aquellos que están cansados. Pero sabe algo, me llama la atención, porque los panes que estaban ahí tenían días. ¿Tenían? Sabe que nosotros en ocasiones somos exquisitos, no nos gusta estar comiendo pan duro. ¿Dice amén o no dice amén? De hecho hay gente que no le gusta el pan francés, le gusta es el pan de guayaba, el pan de queso, la trenza de queso, gloria al Señor.

Le gusta es el sobado, fresquecito, caliente, con queso amarillo, jugo de naranja. Hay gente que le gusta comer así. Y sabe algo, David no fue conforme. David entendía que aunque estaba cansado, aunque venía afligido, aunque tenía hambre, no podía comerse cualquier pan. Y hay gente que se está comiendo el pan barato que está dando TikTok. Hay gente que se está comiendo el pan barato que está dando Facebook. Se están comiendo el pan barato que está dando YouTube. Mensajes raros, mensajes que están haciendo, aleluya, que los miembros le falten el respeto al pastor.

Pero David dijo: No, yo quiero el pan de la proposición. Yo quiero el pan de Jehová. El pan que tiene revelación. El pan que tiene esencia. El pan, oh, gloria a Dios, el pan que está ungido. El pan que me lleva a la comunión. El pan que me trae la revelación al altar. Por eso, dádiva de Dios, cuídense de invitar personas que traigan panes viejos aquí al altar. Porque si le damos panes viejos a nuestros discípulos, a nuestros hijos, tendremos gente con parchos en el estómago, enfermos, diciendo: Ey, eso no es así.

Te está confundiendo, mi pastor. Ay, papá, tenemos mucha gente comiendo pan raro, pan viejo, gloria al Señor. Y David dijo: No, yo anhelo el pan de la presencia. Yo anhelo el pan de la revelación. Yo anhelo el pan de la comunión. ¿Aló? Le dijo: Mira, ahí no tengo unos panes calientitos, pero son los panes de la presencia. Oh, gloria al Señor. sé hermano, que comer los panes de la presencia era como sentarse a la mesa con el mismo Dios. Oh, gloria a Dios.

Comer los panes de la presencia, los panes, aleluya, comer tales panes era como estar cara a cara con Dios. David sabía lo que iba a comer. David sabía lo que venía para su vida. Hermano, después que come, después que se alimenta, sígame y ya termino. Después que come y después que se alimenta, David dijo: Bueno, ya me fortalecí. Ahora necesito armadura. ¿Aló? Tenemos gente que está bien alimentada. Saben dar buenos mensajes. Saben, aleluya, gloria al Señor, saben dar buenos mensajes estos buenos bosquejos. Saben comenzar y saben terminar, gloria al Señor.

Pero sabe algo, en el momento de pelear, no saben. Comen bastante pan, pero no tienen espada. Uy. Y sabe algo, David es sabio porque David dice: No puedo mover la espada si primero no me alimento. Y comenzó a alimentarse. Y después que se alimentó, le dijo: Mira, Ahimelec, ¿por ahí no tienes algún armamento, alguna espada, algo que tengas por ahí? Ahimelec le dijo: Sí, te tengo una. Te va a recordar lo grandioso que eres en las manos de Dios. Te va a recordar el tesoro que eres en las manos de Dios. Anda, gloria al Señor, y alla en lo último debajo de la almohada. Ahí está la espada de Goliat.

Oh, gloria a Dios. ¿Tú te acuerdas del filisteo? Ese filisteo que te trajo persecución es el mismo filisteo que te está armando para la guerra. Anda, tómala. Aleluya. Oh, gloria a Dios. Y David dijo: Dámela. ¿Qué mejor que esa? Ahora tenemos a David llorando, tenemos a David afligido, tenemos a David alimentado, tenemos a David con la espada. Y ahora tenemos a un David que aunque está armado, le toca hacerse pasar por loco. Uy, Dios mío. Hermano, vea todo lo que le toca pasar a los hombres de Dios simplemente por querer agradar a Dios. ¿Cuántos dicen gloria a Dios? Yo quiero ministerio. Oh, poderoso. No está mal.

El que anhela obispado, buena obra desea. No está mal. Pero el ministerio pesa. Levanta la mano arriba. Diga conmigo: El ministerio pesa. Dígalo en serio, diga: El ministerio pesa. Testificaba yo hace unos días un varón, le dijo a su pastor: Pastor, yo quiero predicar como usted. Y le dice: ¿Cómo? Que yo quiero predicar como usted. Usted sabe que la gente quiere predicar como todo el mundo, menos como Cristo. Predicar como predican los dominicanos, como predican los puertorriqueños, como predican los cubanos, como predican los estadounidenses, como predicaron los generales de Dios. Nadie quiere predicar como Cristo. El pastor le dijo: Ah, bueno, está bien, hijo. Mañana nos vemos en la iglesia. Pastor, pastor, dígame la hora, hijo. Mañana a las dos de la tarde comenzamos a hablar en la iglesia. A ver qué es lo que tú quieres con lo que yo tengo.

Usted sabe que el hombre era casado y llegó a la casa diciéndole a la esposa: Mi amor, mañana tengo reunión con el pastor porque me van a dar lo que él tiene. El hombre contento con un poco de fuerza, aleluya, no durmió esa noche, hizo vigilia, leyó la Biblia y dijo: Gloria al Señor, hoy me van a dar lo que tiene el pastor. Hoy me van a usar como usan al pastor, gloria al Señor. Y amado hermano, el hombre se levantó temprano.

Él nunca había hecho el desayuno, ese día hizo el desayuno. Ese día hizo el desayuno, el hombre se levantó gozoso. Él nunca limpiaba la casa, ese día pasó coleto. Le planchó la ropa a la mujer, él nunca planchaba. Veo hombres serios, gloria al Señor, aleluya. Y eso fue lo que el hombre hizo. Se levantó gozoso y le dijo: Mi amor, me voy adelante, gloria al Señor. Te voy a dejar ahí para el pasaje, está la comida de los niños, todo preparado. Pero hoy me van a dar lo que tiene el pastor. Uy, Dios mío. Cuando el hombre se fue, amado hermano, llegó al culto. Estaban cantando, cantaron alabanza, cantaron un coro, se metió Dios, había milagros.

Y el hombre diciendo: Yo quiero lo que tiene el pastor. No del culto, no de gente, no de diácono. Quiero lo que tiene el pastor. Terminó la reunión y usted sabe que los pastores hablan con uno, hablan con otro. que si apague la luz, hermano, los ventiladores. Recojan las biblias, vamos para allá, cuidado con la célula. Y el hombre en la puerta diciendo: ¿Cuándo el pastor va a hablar conmigo? ¿Cuándo el pastor va a hablar conmigo? ¿Cuándo el pastor va a…? Cuando terminó todo, hermano, el pastor lo llamó a la oficina.

Cuando se sentaron a la oficina, el pastor le dice: Cuéntame, ¿qué es lo que necesitas? El hombre dice: Pastor, yo quiero lo que tú tienes. ¿Estás preparado para lo que voy a decir? Pastor, yo anhelo lo que tú tienes. Tú cuando predicas, la gente cae pa’ atrás. Tú soplas y la gente cae. La gente recibe… Yo quiero eso. El pastor dijo: Está bien, hijo. Levanta tus manos ahí que voy a orar hoy por ti. El hombre levantó las manos y comenzó el pastor a decir: Señor, aquí te presento a este muchacho. Dios, te pido que le falte el queso de la nevera. Dios, te pido que un día se le pinche el caucho de la moto cuando vaya a predicar. Te pido, Señor, que ese día se le enferme el perro y los hijos. Te pido, Señor, que solamente tenga un par de zapatos rotos, un par de zapatos y esté roto y así vaya a predicar. Te pido, Señor, que dure cuatro días predicando una campaña y cuando termine no le entreguen ofrenda.

Te pido, Dios, que se acueste con dolor de estómago. Y el hombre dijo: ¡Pastor, qué estás haciendo! ¿Aló? El pastor le dijo: Hijo, te estoy pasando el ministerio. ¡Pastor, pero cómo! Esto es lo que me ha formado para llegar donde estoy. Persecución, pruebas, desánimo, procesos constantes, madrugadas completas en la presencia del Señor, diciendo: Dios, levántame. Dios, levántame. Dios, levántame. Dios, levántame. Eso es lo que le dijo a David. David ahora tiene que hacerse el loco. Y a veces los hombres y las mujeres de Dios tienen que hacerse el loco. Hacerse los locos.

Dice que dejaba caer la saliva por su barba. El ungido de Jehová. Y no es que estaba loco, se estaba haciendo el loco. Y en este caminar a veces nos toca hacernos los locos pa’ no quedar locos. Porque si no te haces el loco, en cualquier momento se te salen los tres tornillos y la gente sigue tranquila. Voy a hablarte de parte de Dios. No vine con sentimientos. Vine a hablarte que Dios cuando forma, forma gente de verdad, forma gente con carácter, forma gente con visión, forma gente que ama la obra. Hermano, lo cierto es que ahora David sale, gloria al Señor, ya salió del profeta, ya salió de la casa de Dios.

Ya David dejó de hacerse el loco. Ahora David dice: Me voy a ir a refugiar a Adulam. Cerramos a Primera de Samuel capítulo 22. Adulam, cuyo nombre significa refugio. Diga conmigo: Refugio. Diga conmigo: Refugio. Hermanos, cuando David llegó a aquel lugar, la Biblia dice: Y huyó David a Adulam. Hermanos, David no fue a Adulam. David estaba huyendo, estaba corriendo, venía en persecución. Y llegó a un refugio, llegó a un lugar, amado hermano, gloria al Señor. Y cuando llegó a aquel lugar, hermano, cuando llegó, la familia se enteró y la familia lo fue a visitar.

Dijo: Wow, allá está David. Al parecer tenía rato que no compartían con él. Sus padres, sus hermanos extrañaban a David. ¿Dónde estaba David? Estaba comprometido con el ministerio. Estaba siendo perseguido. No podía estar en su casa, no podía estar en el palacio, no podía estar con sus hijos, no podía estar con nadie porque lo estaban persiguiendo. Qué difícil habrá sido para David estar de un lugar a otro. ¿Sabe lo que pasó? Pregúnteme qué pasó. Cuando llegó a Adulam, David está en un refugio. Pero cuando está en el refugio, pastor, que están en el campo blanco, David dijo: Me llegó el tiempo de mi honra. ¿Aló? Entienda mi prédica, no lo dice la Biblia.

El primero que llega a la iglesia es uno que tiene, que está endeudado con todas las bodegas de los Rosales. Cuando llega el otro, el otro tiene aflicción de espíritu. Cuando llegan otros, los otros tenían amargura en el alma. Escuche esto. El que está afligido ahora le toca lidiar con personas afligidas. Uy, Dios mío. Sígame que ya le estoy comenzando a dar lo que Dios me dio. David está pasando un sinnúmero de procesos. Está siendo formado porque necesita formar. Ahora David va a entender al que está siendo perseguido porque él fue perseguido. No, no, no, no, no. Ahora David va a entender al endeudado porque él una vez estuvo endeudado.

Ahora David va a entender los que tienen amargura, los que se hacen pasar por locos, porque él pasó por ahí también. Oh, gloria a Dios. Y cuando llegó a aquel lugar, la Biblia dice que aproximadamente eran 400 hombres. 400 hombres que agarró David y los comenzó a formar. Les comenzó a decir: Mañana a las tres hay matutino. Mañana a las tres nos toca buscar el rostro de Dios. Los jueves hay ayuno. Los jueves hay discipulado. Oh, gloria a Dios.

Quizás no entendían, pero le estaba hablando un hombre que había sido procesado, que había sido formado para formarlos a ellos. ¿Y sabe? Hay días donde formarás gente que el día de mañana se irán. Lo vas a formar con pasión, con amor y con entrega. Y te vas a entregar por ellos. Te vas a encerrar con ellos en Adulam y los vas a abrazar. Y sabe algo, a veces no es el diablo, Dios lo va a permitir para darte a entender: No te aferres a las ovejas. Pastores, no se aferren a las ovejas. Líderes, no se aferren a nada. Todo es temporal. Dios puede hablar en cualquier momento.

Hay gente que en cualquier momento te pueden traicionar. Forma con pasión y ya. Llega hasta ahí, forma y ya. Forma y ya. Forma y ya. Rómpele el carácter a la gente. Rómpele la malicia a la gente. Fórmalos para la obra del ministerio. Fórmalos para la palabra. Fórmalos para el discipulado. Oh, gloria a Dios. Pero las decisiones son personales. ¿Aló? La honra no se exige, la honra nace. ¿Aló? Cuando alguien es agradecido, no hay que decirle: Honrame.

Cuando alguien es agradecido, trae la honra… Te respeto, te admiro y te honro por lo que eres conmigo. Oh, gloria a Dios. ¿Cuántos dicen gloria a Dios? Ahora David está formando a hombres para levantar el ejército más poderoso en la tierra de Israel. El ejército más poderoso de la tierra de Israel no nació de hombres genuinos, con teología, bien preparados, elocuentes, gloria al Señor, hombres universitarios. Nació de hombres sin esperanzas, vacíos, viles, menospreciados, gloria al Señor, de donde Dios nos rescató. De allá, gloria al Señor, del pozo cenagoso. Ahí metió Dios su mano y nos levantó un día y nos dijo: Eres nación santa, eres pueblo adquirido por Dios. Oh, gloria a Dios. Eres real sacerdocio. Te llamé para anunciar las virtudes de aquel que nos llamó de las tinieblas a su luz admirable. ¿Aló? ¿Y sabe lo que comenzó a hacer David? Comenzó a formar. Ay, me duele, te estoy formando. No entiendo, yo tampoco entendía y aquí estoy. Sí puedes. Oh, gloria a Dios. Deja que Dios te forme. Dejemos que Dios nos moldee. ¿Acaso dirá el barro al hacedor: Qué haces conmigo? No te va a gustar la palabra.

Quizás no te va a gustar el consejo. Pero Dios te está formando. Oh, Dios mío. ¿Por qué siempre me exigen a mí? ¿Por qué siempre me llaman a mí? ¿Por qué siempre soy yo el que tiene que estar? ¿Por qué siempre? Porque a ti Dios te está formando. Una vez un abuelo tenía cinco nietos y siempre mandaba a uno. Sabe que los padres tenemos tres hijos, bueno, los que tienen tres, yo tengo uno. Y de tantos hijos siempre mandan al mismo. Ay, padre.

Y en su mayoría al menor. Y le gritaba el abuelo: Mira, muchacho, anda a comprarme pa’ allá. Ah, los panes. Y un día se le acercó el ya grande y le dijo: Abuelo, ¿por qué siempre me mandas a mí? Están todos tus nietos. Mira, está María, está Petra. Siempre me mandas a mí. Le dijo: ¿Sabes por qué siempre te mando a ti? Porque tú eres mi nieto favorito. Hay gente que se está preguntando: ¿Por qué yo? Yo no necesito estar aquí.

Y Dios te está diciendo: Aguanta la rueda del proceso. Aguanta la formación del alfarero. Te estoy formando. ¿Sabes por qué? Porque percibo por el Espíritu dádivas de Dios que serán establecidas en esta tierra. Gracias, Dios. Percibo por el Espíritu, pero como casas establecidas en el terreno. Oh, gloria a Dios, aleluya, fuera de Caracas. Oh, gloria a Dios, no es en Caracas. ¿Sabes por qué te estoy hablando que no es en Caracas? Porque estoy viendo la palabra, gloria al Señor, aleluya, por el Espíritu. Tazón. Y más allá de Tazón veo obras, dádiva de Dios. Oh, gloria a Dios.

Pero Dios primero está diciendo: La formación debe ser genuina. La formación debe ser genuina. Porque los lugares donde estarán pelearán con gigantes, pelearán con… oh, gloria a Dios… pelearán con principados, pelearán con potestades. Y hoy Dios viene a hablarle y a decirle: Aguante la formación para que cuando sean enviados, vayan con mi presencia, vayan con mi palabra, vayan con mi carácter. Levanta tu mano arriba, gloria al Señor, que sentí la presencia de Dios.

Oh, alma mía, tienes que alabar a Dios. Porque aunque el enemigo se levante como río, yo quiero que sepas, dádiva de Dios, que Jehová levantará bandera de victoria. Jehová levantará bandera. Oh, gloria a Dios. Jehová levantará bandera de victoria. Jehová levantará bandera de victoria. Levanta tu mano arriba, por favor. Levanta tu mano arriba. Oh, Espíritu Santo. Y comienza a alabar a Dios. Porque yo veo por el Espíritu gente que van a ser muertos bajo la presencia de Dios, hermano. Van a llevar la palabra de Dios con fuerza. Evangelistas que Dios usará con… oh, gloria a Dios… con palabra de Dios poderosa.

Hay gente que le está diciendo a Dios: Quiero más, quiero más fuego. Quiero más avivamiento. Estoy viendo células diferentes hogares. Santo Jehová, Padre, gracias. Gracias, Padre, por llegar a este encuentro. Jehová bendito. Estoy viendo una, dos células, más de tres células. Viene trabajo, viene demanda en este nuevo año. El que no quiera trabajar, Jehová le va a pasar por encima. Pero viene… oh, gloria a Dios… viene una cosecha grande, dádiva de Dios. Viene una cosecha grande, prepárate.

No puedes estar seco, no puedes estar seca. Tienes que estar avivado, tienes que enteder la visión. Tienes que entender la palabra. Oh, gloria a Dios. Tienes que entender el tiempo de la visitación de Dios. Gracias, Dios mío. Gracias por tu presencia. Oh, gloria a Dios. Desplego autoridad, dice Dios. Desplego autoridad sobre los demonios. Desplego autoridad sobre los territorios. Oh, gloria a Dios. Desplego autoridad sobre familias. Vas a creer lo que Dios está hablando, gloria a Dios. Oh, mi alma te adora. ¿Puedes honrar a Dios? Habla Dios que tu siervo te escucha. Oh, Dios mío. Estamos reunidos aquí para escucharte. Oh, gloria a Dios. Los líderes de esta casa, prepárense. Porque le quitan la vestidura que tienen y les ponen una nueva.

Viene un renuevo poderoso de parte de Dios para los líderes. Viene un renuevo poderoso. Dios dice: He visto tu esfuerzo, he visto tu arduo trabajo, he visto tu constancia. Que tienes sueño, no tienes fuerzas, pero estás ahí haciendo la obra. Dice Dios: Vengo con retribución. Vengo con… oh, gloria a Dios. Mi mano no se ha cortado. Mi mano no se ha cortado. Viene la mano de Dios para la Dádiva. Santo, santo Jehová. Alma mía, tienes que alabar a Dios. ¿Alabas a Dios? ¿Alabas a Dios? Señor, permíteme predicar, gloria a Dios, pero siento la unción de Dios. Gloria al Señor. Oh, Espíritu Santo y fuego. Formados para formar.

Si te está formando es porque le interesas a Dios. Si te está formando es porque le interesas a Dios. Si estás llorando es porque le interesas a Dios. Si te duele es porque le interesas a Dios. Levanta tu mano al cielo. Por favor, los adoradores que pasen, gloria al Señor. Rapidito, gloria al Señor. Oh, Dios mío. Está fluyendo río de agua viva de la presencia de Dios en este lugar. Está fluyendo como el río de agua viva la presencia de Dios en este lugar. Vamos, levanta tu mano arriba y cierra tus ojos.

Oh, aleluya, aleluya. Espíritu Santo. Oh, todo el mundo adorando a Dios. Todo el mundo levantando un altar. Todo el mundo levantando un altar. Todo el mundo levantando un altar. Que siento la gloria de Dios. Oh, Espíritu Santo, hónralo. Sí, Señor. Dame la señal, Espíritu Santo. Aleluya. Gracias, Jesús, Señor. Gracias. Yo quiero que te coloques sobre tus pies todos los que están presentes aquí hoy. Yo siento que el clima cambió. Oh, Dios. Estamos en Naiot, el lugar donde todos profetizamos. El que entra en Naiot no muere, el que entra en Naiot toma fuerzas. Aleluya. Vamos, adóralo, adóralo, adóralo.

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